Cuento para reflexionar nº6

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Hola!

Cómo vas? Se nos termina el mes de Junio, y el calor hace bastante presencia ( al menos por Madrid mucho!) y las ganas de escaparse a darse un chapuzón son grandes. Te cuento es la última entrada del blog en formato artículo hasta septiembre que volveré igual o con más ganas, como ya hice el verano pasado.

En Julio y agosto pondré cosillas cada 2 semanas, aunque la idea es que sean mucho más ligeras y más veraniegas 😉

Esta semana os traigo un cuentito o historia como empieza a ser habitual. Deseo que te guste y te apoye en el camino.

 

Eso también pasara.

En un extenso país, mucho más allá del mar, vivía antaño un poderoso rey durante su largo reinado del país, antes empobrecido, se convirtió en un floreciente reino.

En las calles de las aldeas y ciudades se desenvolvía una actitud viva. Personas satisfechas y sanas se dedicaban debía a su trabajo y disfrutaban de la vida. Las ciudades y casas emanaban seguridad y sus opulentos jardines estaban llenos de frutas y de grandes árboles, en cuya sombra la gente descansaba y celebraba sus fiestas.

Y así sucedió que el rey era venerado cada vez más como un gran soberano y guía sabio. Sin embargo, el monarca estaba cada vez más insatisfecho. Lleno de impaciencia cumplía con sus deberes y a menudo divagaba en sus pensamientos o se perdía en el laberinto de sus sentimientos.

Oscilaba continuamente entre la alegre actividad y la desesperada preocupación por el futuro, sin poder descubrir el motivo que desencadenaba estas sensaciones. Todo su poder no pudo evitar que estuviera desvalido en manos de sus caprichosos sentimientos. Empezó a sentir temor a las enfermedades y a la soledad, y los pensamientos sobre la muerte no le dejaban dormir ni una noche. Si bien algunos días se sentía feliz cumpliendo su obligación, no pasará mucho tiempo hasta que sus sentimientos se tornarán grises. No tenía control sobre ellos. Finalmente, consultó con los hombres y las mujeres más sabias de su país.

Oíd, les dijo, busco un medicamento y me recuerde la alegría de vivir cuando me encuentro triste y ver el mundo sin brillo ni música. Pero a la vez debe tener el efecto de recordarme la vanidad y la muerte cuando la vida sea más bonita que nunca. No queda seguir siendo el juguete de mis sentimientos. Encontrad la llave que me haga sosegado y tranquilo.

Los sabios y sabias eran filosofas, jueces, artesanas, sanadores y monjes. Buscaron durante varios días y noches pero no encontraron ningún remedio, medicamento o sabiduría para satisfacer los deseos del rey.

Finalmente mandaron un mensajero las montañas en busca de un ermitaño santo. ¿Quien, si no el, podría seguramente encontrar una solución? Pocos días después, el mensajero volvió. Le entregó al rey un modesto y sencillo anillo, adornado con una gran piedra de cristal en el centro. El mensajero repitió una a una las palabras que el santo ermitaño que había mandado decir al rey:

Debajo de esta piedra de cristal está escondida la respuesta. Pero resiste la tentación de quererla leer ahora. Sólo debes mirar debajo de la piedra cuando todo te parezca estar perdido y tú ya no encuentra salida alguna. Solamente cuando tu desconcierto sea total y tu dolor y desesperación insoportables, cuando tú mismo estés completamente desamparado, entonces abre el anillo. Sólo entonces y en ese momento comprenderás.

Y aunque todo el mundo se extrañó, el rey se comportó con éste cumple las instrucciones del ermitaño, a pesar de su curiosidad y de que se sentía menos desesperado.

A veces creía que había llegado la hora que cumplía las condiciones. Pero siempre encontró de alguna forma otra salida.

Un buen día estalló abiertamente un conflicto pendiente desde hacía tiempo con un país vecino muy poderoso. El ataque fue tan inesperado, que cualquier defensa parecía inútil; por esto, el rey huyó con su familia sin poder llevarse nada de su riqueza.

A partir de entonces se convirtieron en fugitivos. Muchas veces llegaban a situaciones difíciles y muchas, muchas veces el rey creyó que se cumplían las condiciones para poder mirar debajo de la piedra de su dedo. Pero nunca lo hizo.

Las fatigas de la fuga lo obligaron a dejar atrás a la familia. Hambre y enfermedades fueron sus acompañantes perennes y arrebataron a la mayoría de sus soldados. La situación se volvía cada vez más desesperada. Finalmente, los últimos fieles del rey huyeron hacia las montañas. Se arrastraba penosamente cuando de repente escucharon los gritos troncales de sus enemigos, directamente detrás de ellos. Con sus últimas fuerzas, el rey escaló un despeñadero y se adentró en una garganta estrecha. Casi le parecía sentir el aliento caliente de sus enemigos en su nuca. Su temor se hizo insoportable. Y entonces llegó inesperadamente al borde de un abismo profundo. Tenía una profundidad inimaginable, a la derecha izquierda rocas empinadas y detrás al enemigo.

Ahora había llegado el momento. Esto era el final; que no tenía absolutamente ninguna opción. Desesperado, abrió el anillo y leyó:

¡Esto también pasará!

Apenas había leído el mensaje, se tranquilizó inmediatamente. Miró a su entorno con atención y descubrió una dieta estrecha la roca. Con gran esfuerzo se escondió entre la grieta. No había tiempo para más, porque los enemigos se precipitaban al lugar donde había estado. Al ver las paredes empinadas y el precipicio creyeron que el rey se había lanzado al abismo y que estaba definitivamente vencido y muerto. Gritando salvajemente de alegría se alejaron galopando.

El rey, sin embargo, se puso en marcha para reunir a su desbaratado ejército, esparcido a los cuatro vientos, y a sus partidarios.

Y la suerte le sonrió. En un ataque nocturno imprevisto reconquistó su país y volver instalarse en palacio, con gran júbilo de su pueblo.

La gente celebró su retorno con alborozo. Por las calles se desplazaba la multitud bailando y agitando banderas. Cantaban himnos y lanzaron fuegos artificiales maravillosos en honor de su amado rey.

Loco de contento, el rey observó los festejos de su pueblo. Su corazón parecía casi querer partirse de felicidad y alegría. Y entonces su vista se fijó en el anillo.

¡También esto pasara!, Pensó.

Y enseguida sintió que le invadía un brazo ciego.

Mientras su mirada erraba por las lejanas montañas apareció en su rostro una sonrisa pensativa.

La próxima vez que te encuentras mal, o alguna emoción que te produzca malestar te invada, o emociones que consideres positivas, recuerda que esto también pasará. Todo pasa, se sobrepone y se transforma. Recuerda que lo único que es para siempre es la transformación, y lo más importante es que tú eres la responsable de esta.

Si te ha servido para darte cuenta de algo una vez que lo has leído o a los días, es genial!

Si te parece que le puede venir bien a alguien comparte 😉

 

Feliz semana!

Martha Echeverry Villegas

 

 

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